Desde lo alto de la colina del Cavallo, a 531 m s. n. m., domina todo el paisaje que la rodea Laurino, el pueblo con más historia de la zona: ciudad de arte, de naturaleza virgen, de aguas cristalinas, patria de Santa Elena de Laurino.
Su fundación se remonta probablemente al siglo III a. C. En el siglo XII la población superaba con creces los 20.000 habitantes. Laurino debe casi con toda seguridad su nombre a la abundante presencia de laurel (del latín Laurus: Laurinus) en la vegetación de los alrededores, aunque también es probable que haga referencia a los monasterios basilianos de la zona (Lauras).
A lo largo de los siglos, los pueblos antiguos dejaron valiosos testimonios de su paso, como nos recuerdan las ruinas del castillo lombardo, los maravillosos puentes medievales de lomo de asno, los frescos y las diversas obras talladas en madera de la Colegiata de Santa Maria Maggiore. Laurino no es solo un pueblo lleno de arte e historia, sino también un lugar donde la naturaleza se muestra en sus formas más espectaculares.
La colina del monte Cavallo sobre la que se asienta el pueblo desciende suavemente hacia el valle por un lado, mientras que por el otro cae a pico sobre un risco cubierto de densa vegetación. Las altas cumbres forman gargantas profundas de las que brotan abundantes manantiales que vierten sus aguas en el cristalino río Calore. Rico en vegetación y naturaleza virgen, Laurino era conocido antiguamente como “La Perla del Calore”.
En los últimos 50 años ha sufrido numerosas intervenciones que han modificado su aspecto urbanístico y arquitectónico, y que han borrado en parte su aspecto de ciudad medieval en favor de una concepción más moderna de la construcción y la restauración. Sin embargo, nada puede empañar el encanto del antiguo pueblo; además, los eventos que se organizan en Laurino hacen revivir con maestría ese pasado a través de espectaculares recreaciones históricas con trajes de época.
LUGARES DE INTERÉS
LA GRAVA DI VESALO
La grava di Vesalo, el sumidero más grande del macizo apenínico Alburni-Cervati, es uno de los fenómenos kársticos más famosos entre los espeleólogos de Europa.
Para saber más, lee la excursión Laurino (Salerno), un cofre escondido en el Parque Nacional del Cilento: la Grava di Vesalo
LOS SENDEROS ENTRE NATURALEZA E HISTORIA
De especial belleza e interés es el sendero que lleva a la Grava di Vesalo. Después de cruzar los preciosos puentes medievales de Laurino, bajo los que corre el río Calore, te encuentras con la capilla rural de Santa Elena, los sugerentes manantiales de Gorgo-Nero, el valle Soprana, bordeando el Scanno del Tesoro. Itinerarios caracterizados por paisajes vírgenes, donde todavía es posible avistar la nutria.
Recordemos también las excursiones hasta las faldas de los montes Cavallo, Cervati y Pruno. En este último se encuentran la Grotta dei Fraulusi y la Gruta de Santa Elena, donde la santa vivió como eremita en total aislamiento y donde murió en el año 530. Desde entonces alberga un santuario dedicado a ella.
LOS CONVENTOS
En Laurino hay nada menos que 5 conventos. El más importante es el de San Antonio de Padua, que se construyó sobre las ruinas del hospital de San Antonio Abad, con la contribución de familias nobles, como institución benéfica. La entrada se apoya en pilares decorados con numerosas pinturas que evocan la vida del santo. En las cuatro galerías del pórtico hay pinturas maravillosas que reproducen los escudos de las familias nobles que contribuyeron a su construcción. En la sacristía se encuentra el sarcófago del segundo duque de Laurino, don Geronimo Carafa, y el sarcófago de su madre, representada tumbada boca arriba sobre la tapa. En el centro del claustro todavía se ve la vieja cisterna de la que se sacaba el agua. En el refectorio hay ricas pinturas, entre ellas las que representan a las familias ducales con sus trajes típicos y complicados, lucidos por las calles de Laurino; a ellas se suman los escudos de los Carafa, los Sanseverino, los Gaetani y los Aragón
Anexa al convento está la iglesia, en cuya bóveda se admiran ricas pinturas sobre la vida de San Antonio. Una obra de arte admirable es la puerta de entrada, toda de madera tallada en distintos paneles enmarcados.
PALACIO DUCAL Y RESTOS DEL CASTILLO LOMBARDO
En el espolón más alto de la colina sobre la que se alza Laurino, frente a las murallas rocosas del monte Cavallo, siguen desafiando al tiempo las ruinas del primitivo castillo lombardo. A pesar de los estragos de los siglos y de los hombres, la estructura todavía se puede leer en parte, aunque casi todas las plantas superiores se han derrumbado. El “Castello de lauri” se cita por primera vez en un documento de agosto de 932. Lo cierto es que la fortaleza, en su trazado original, la fundaron los lombardos como muy tarde a principios del siglo X. Sin embargo, teniendo en cuenta tanto el tiempo necesario para construir una obra tan compleja como la fama que el castillo parecía tener ya en esa fecha, no es arriesgado adelantar su fundación al menos a finales del siglo IX. Como prueba del papel estratégico de primer orden que desempeñaba en la defensa de las distintas monarquías que se sucedieron, el castillo, y probablemente también el pueblo, fue durante largos periodos propiedad real o del demanio, es decir, no enfeudado. Solo en 1271 aparecen los Valdemonte como primeros señores feudales de Laurino. El castillo acogió, durante periodos más o menos largos, a casi todos los señores feudales que se sucedieron en Laurino. Empezó a decaer ya tras la construcción del Palacio Ducal por parte de los Carafa hacia mediados del siglo XVI y, todavía más, después de 1734, cuando Carlos III, en un intento de debilitar el régimen feudal, obligó a los distintos señores feudales a residir en Nápoles, recompensándolos con importantes cargos en la corte.
LA COLEGIATA DE SANTA MARIA MAGGIORE
Sobre todas las instituciones eclesiásticas del año mil dominaba la Colegiata de Santa Maria Maggiore, que se remonta precisamente al año mil y que se reconstruyó en 1776 en estilo romano-barroco; se hizo famosa por los numerosos sínodos que se celebraron en ella, el más importante de los cuales fue el del 12, 13 y 14 de diciembre de 1649, con monseñor Tommaso Carafa. Esta iglesia, una de las más bonitas de la zona, fue durante muchos siglos el centro de la cristiandad de todo el extenso estado de Laurino.

